Mientras que miles de escuelas en Veracruz se ajustan a la nueva norma, en la primaria José María Morelos, la eliminación de comida chatarra no fue novedad, ya que, desde hace 8 años, su cooperativa ofrece menús saludables
Mientras que miles de escuelas en Veracruz se ajustan a la nueva norma, en la primaria José María Morelos, la eliminación de comida chatarra no fue novedad, ya que, desde hace 8 años, su cooperativa ofrece menús saludables
Hot cakes de trigo, manzana y melón picado acompañados de medio vaso de agua natural de jamaica fue el menú con el que la primaria José María Morelos inauguró el primer lunes en que todas las escuelas de México, a nivel básico, media superior y superior, dejaron de vender alimentos chatarra como papas fritas o refresco.
“No hubo diferencia”, explica el director Alejandro Correa Valdivia sobre la prohibición de alimentos chatarra y su efecto en la primaria. Tiene 8 años que la cooperativa escolar, llamada “La Cocina de Chema”, dejó de vender alimentos procesados y de entregar las comidas en platos de unicel. Hace 5, él, junto a madres de familia, implementaron un menú semanal de bajo costo.
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Realizado con proteínas, frutas y verduras frescas y sin productos ultraprocesados que tengan sellos de advertencia en su envoltura, La Cocina de Chema ha conseguido que al menos 75 estudiantes y 10 docentes encuentren una opción saludable en una institución pública que es reconocida por su elaboración de alimentos.
Anaqueles que eran ocupados por pizzas, dulces y hot dogs amanecieron vacíos en miles de escuelas veracruzanas, pero no en la primaria Morelos. Aquí, donde lo único que se vende es el menú semanal, las paredes de la cooperativa son utilizadas desde hace 8 años para colgar los trastes.
De forma paralela y totalmente distinta, en la localidad de Tejería se encuentra la Escuela Secundaria Técnica Industrial número 78, donde los estudiantes, de forma incrédula, tuvieron que cambiar las botanas industrializadas –aquellas que atraviesan procesos de fritura, horneado, explotado, extrusión o tostado como las de Sabritas o Barcel– por una jícama o sandía picada acompañada de chile y limón.
“Sí mostraron un poco de resistencia los chicos, pero es por su bien, para estar mejor en su salud”, comenta el doctor Ricardo Robert Tejeda, docente de los tres niveles de enseñanza, sobre la reacción del alumnado ante el cambio que dice, aunque intentó ser paulatino, igual fue repentino en la ESTI 76.
Obesidad infantil: el problema que ataca la primaria Morelos
Obesidad, sobrepeso, diabetes mellitus –la segunda causa de muerte en Veracruz–, hipertensión y resistencia a la insulina son algunas de las condiciones médicas por las que el director Alejandro fue determinante en la propuesta de ya no vender más productos ultraprocesados en la institución hace años.
Desde entonces, desayunos como sandía picada, garnachas de frijol y agua de naranja –que pertenecen al menú de este martes– se volvieron una cotidianidad en la primaria a la que asisten 300 estudiantes.
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Por solo 32 pesos, niñas y niños tienen acceso a una comida que implementa todos los ingredientes del plato del buen comer de manera discreta. Verduras en el plato fuerte, cereales y tubérculos en la preparación de los alimentos, leguminosas, productos de origen animal y frutas como postre, es la composición de cada menú.
Las recetas son sacadas de materiales digitales creados por la Secretaría de Educación Pública, de la Secretaría de Salud y del gobierno federal, como lo es el Manual para personas que preparan, distribuyen y venden alimentos en las escuelas, en el que se especifican los alimentos que sí y que no se pueden vender en las instituciones a partir del 29 de marzo de 2025.
En este instrumento, además, vienen ejemplos de recetas que pueden implementar las instituciones. En el documento Plan Piloto en la Escuela Sazón para el Bienestar, creado para la Ciudad de México, el director Alejandro también recaba ideas de comidas.
Sin embargo, además de estos documentos, él y Alicia Luna, dirigente de la cooperativa escolar, aceptan recomendaciones de los padres y madres, así como de las niñas y niños.
El financiamiento de estas preparaciones, explica el director, es posible debido a que la cooperativa escolar no tiene como fin el lucro. Su ingreso se reparte en tres: hacia la institución para material didáctico (40 %), hacia los padres de familia que hayan dado un bono al ciclo escolar para “La Cocina de Chema” (40 %) y en un fondo de reserva (20 %) que funciona como un colchón económico en caso de alguna reparación de emergencia.
Así es como la institución se ha encargado de prevenir que sus infantes de entre 5 y 11 años presenten sobrepeso y obesidad, como el 18.1 y 17.5 por ciento, respectivamente, de los niños veracruzanos, según estadísticas de la Secretaría de Salud.
“No es invento, pero un testimonio de una de nuestras madres de familia que apenas empezó el primer año, este ciclo escolar, es que ella vino aquí por los alimentos saludables”, dice orgulloso el director que, además, creó recientemente una canción para incentivar la alimentación saludable.
Estrategias complementarias
Además del programa Vive Feliz, Vive Saludable recientemente impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, el director de la primaria Morelos y Alicia Luna concuerdan en que el esfuerzo debe ser conjunto.
Además de llevar una alimentación saludable en la institución basada en manuales de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y en la Secretaría de Salud, el docente decidió crear una canción con ayuda de inteligencia artificial que habla sobre la comida saludable y sobre el aprecio que los estudiantes le tienen a “La Cocina de Chema”.
“Ya hasta le sacamos canción, Mi loncherita Single, es un hit. Es saludable y habla ahí de La Cocina de Chema, que comemos a gusto, que siempre hay frutas y verduras. Una cosa divina”, dicen ambos emocionados.
Esta suena cada mañana, de lunes a viernes, durante las activaciones y el recreo desde hace una semana. Sumado a esto, Alicia, que es conocida como la mamá de Chema –apodo por José María–, organiza concursos de forma trimestral y anual para premiar a un niño o niña, de cada grupo, que más alimentos consuma de la cooperativa.
En donde el premio, dice con una sonrisa Alicia, suele ser un motivante para que cada vez coman más saludable; lo cual apunta, debe ser reforzado en casa con una comida que incluya los alimentos del plato del buen comer y de la jarra del buen beber.
Para la nutrióloga María del Rocío Pérez, el apoyo de la familia es fundamental. “Muchas veces le dejamos todo el trabajo a la institución, pero no debe ser así. En la institución se refuerza lo aprendido en casa”, señala la experta.
Cambiar los hábitos alimentarios de un infante, explica, radica principalmente en el ejemplo y en la explicación, ya que “son perfectos imitadores”. “Si tú les dices para qué les va a servir un alimento y en qué los va a afectar, ellos lo entienden”.
El problema no está en que estos alimentos chatarra se consuman de vez en cuando, sino en que se vuelvan una parte fundamental de la dieta de los niños. Para evitar atracones o un mal manejo de estos, María del Rocío recomienda organizar el menú familiar de forma conjunta, así como determinar un día de la semana en que esté permitido comer, de forma responsable, algún alimento que sea del antojo del adulto y niño.
Desde su experiencia, María del Rocío Pérez afirma que el programa Vida Saludable, Vida Feliz es un acierto por parte de las instancias federales de la República, quienes se preocupan por la salud de los infantes.
LaSillaRota
/PresenciaMX