Desde su despacho en la colonia La Cuevita de Las Choapas, atiende casos de divorcios, pensiones alimenticias y conflictos familiares convencido de que la mejor sentencia muchas veces es aquella que nunca llega a un tribunal.
Desde su despacho en la colonia La Cuevita de Las Choapas, atiende casos de divorcios, pensiones alimenticias y conflictos familiares convencido de que la mejor sentencia muchas veces es aquella que nunca llega a un tribunal.
Cuando Jesús Alcudia Martínez comenzó a estudiar Derecho, no imaginaba que terminaría dedicando buena parte de su vida a los tribunales, los expedientes y la búsqueda de acuerdos entre personas enfrentadas por conflictos familiares, patrimoniales o legales.
Sentado detrás de un escritorio de madera en su despacho de la colonia La Cuevita, recuerda que inicialmente su futuro parecía estar lejos de las leyes. Su primera apuesta profesional fue la Ingeniería Naval en la Universidad Veracruzana.
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Con sinceridad, señala: “Entré a Derecho por convicción, no por vocación. Quería estudiar una carrera profesional y cumplirle a mis papás”, comenta.
La decisión llegó después de abandonar la ingeniería y de buscar alternativas para continuar sus estudios. Lo que comenzó como una elección práctica terminó convirtiéndose en una profesión que hoy ejerce desde hace más de 17 años.
A lo largo de su trayectoria ha trabajado en el Servicio de Administración Tributaria, en el Ayuntamiento de Las Choapas y en despachos jurídicos, hasta que decidió abrir su propia oficina en 2011.
Actualmente comparte sus oficinas en Las Choapas (Prolongación Francisco Sarabia 905-b, colonia La Cuevita y en Coatzacoalcos, en la calle Alcalde García 501-b, colonia Juárez Norte)
Detrás de él, entre documentos organizados en archiveros y carpetas acomodadas, cuelgan los títulos que acreditan su formación profesional. Sin embargo, llaman igualmente la atención varias fotografías familiares colocadas en la pared, una combinación que parece reflejar dos facetas que procura mantener en equilibrio: la del abogado y la del hombre de familia.
Con los años, asegura, descubrió que cualquier profesión exige algo más que conocimientos técnicos y entonces con emoción, plantea.
“Si haces las cosas con amor, te van a salir bien”
Quizá por eso, aunque muchos imaginan que un abogado vive para los pleitos, él sostiene que la mejor solución suele encontrarse antes de llegar a un juicio.
“Definitivamente prefiero conciliar. Que el litigio sea lo último”.
La experiencia le ha enseñado que detrás de cada expediente existen personas. Divorcios, pensiones alimenticias, guardias y custodias o conflictos familiares forman parte de los asuntos más frecuentes que atiende.
En muchos casos, advierte, quienes terminan pagando las consecuencias son los hijos.
“El problema es de los adultos, pero muchas veces a los niños se los llevan entre los pies”.
Para el abogado, uno de los principales problemas sigue siendo la falta de cultura legal. Considera que muchas personas firman documentos sin leerlos, desconocen sus derechos o buscan asesoría cuando el problema ya se encuentra avanzado.
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“Si no estás convencido de lo que vas a firmar, no firmes. Tienes derecho a decir: déjame consultarlo”.
A lo largo de su carrera también ha enfrentado situaciones complejas. Recuerda particularmente un caso relacionado con secuestro que incluso derivó en amenazas hacia su persona.
Aquella experiencia le dejó una enseñanza clara.
“Primero está tu integridad, tu seguridad y tu familia”.
Cuando se le pregunta qué injusticia le duele más, responde que aquella donde no se valoran adecuadamente las pruebas o donde la justicia no se aplica de manera objetiva.
Por eso insiste en que el abogado debe actuar con ética, decir la verdad a sus clientes y buscar soluciones reales, incluso cuando esas soluciones pasen por evitar un juicio.
Al final de la conversación, mientras acomoda algunos documentos sobre el escritorio y se prepara para recibir a la siguiente persona que espera en la sala, resume en una frase la forma en que entiende su profesión:
“Me gustaría que dijeran que era un abogado que sabía hacer su trabajo, que buscaba la justicia y que procuraba resolver los problemas antes de hacerlos más grandes”.
Y añade una idea que parece definir toda su trayectoria:
“Prefiero que se haga justicia”.