¿Por qué el terremoto de Colombia se sintió tan largo?
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia dejó una sensación que miles de personas describieron de la misma manera: “parecía que no terminaba”.
Y hay una explicación.
El Servicio Geológico Colombiano reportó que en las estaciones cercanas al epicentro se registraron entre 90 segundos y dos minutos de movimiento significativo. Pero decir que un terremoto “duró dos minutos” no significa necesariamente que la falla haya estado rompiéndose durante todo ese tiempo.
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Lo que las personas sienten es el resultado de diferentes ondas sísmicas que llegan al terreno y hacen que este se mueva de distintas maneras. La magnitud del terremoto, la profundidad, la distancia y las características del suelo influyen en cuánto tiempo y con qué intensidad se percibe el movimiento.
Por eso, un sismo puede sentirse como una larga sucesión de movimientos: primero una sacudida, después oscilaciones más fuertes o prolongadas y finalmente movimientos que van disminuyendo.
Y hay otro protagonista que muchas veces pasa desapercibido: el suelo.
El mismo terremoto no se siente igual en todos lados
La magnitud es una sola, pero el comportamiento del terreno puede cambiar considerablemente de un lugar a otro.
Los suelos blandos, rellenos artificiales, depósitos de sedimentos y terrenos saturados de agua pueden amplificar determinadas ondas sísmicas.
Eso significa que dos edificios relativamente cercanos pueden experimentar movimientos diferentes durante el mismo terremoto.
Por eso, para saber qué tan vulnerable es una construcción no basta con preguntar qué magnitud tuvo el sismo. También hay que preguntarse sobre qué suelo está construida, cómo fue diseñada y cómo ha sido modificada con el paso de los años.
¿Entonces por qué unos edificios resisten y otros no?
Aquí está una de las principales confusiones después de un terremoto.
Una construcción sismorresistente no es una construcción “antisísmica”.
Los especialistas explican que una estructura diseñada bajo criterios sismorresistentes está pensada principalmente para evitar un colapso súbito y proteger la vida de sus ocupantes.
Eso significa que puede sufrir grietas, deformaciones y daños importantes durante un terremoto sin necesariamente venirse abajo.
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En otras palabras: que un edificio tenga daños no significa automáticamente que haya sido mal construido.
El problema aparece cuando la estructura no fue diseñada adecuadamente, se construyó sin supervisión técnica, utiliza materiales deficientes o sufrió modificaciones que alteraron su comportamiento.
El riesgo de construir sin ingeniería
Los expertos consultados señalan a la construcción informal como uno de los puntos más vulnerables.
Entre los factores que pueden aumentar el riesgo están:
Construcciones sin diseño estructural.
Incumplimiento de las normas sismorresistentes.
Materiales o mezclas de baja calidad.
Falta de vigas y columnas de confinamiento.
Ampliaciones realizadas sin estudios de ingeniería.
Agregar pisos a edificios que no fueron diseñados para soportarlos.
Construcciones sobre terrenos inestables, rellenos o suelos que pueden amplificar el movimiento.
Un edificio puede haber permanecido en pie durante décadas y, sin embargo, no estar preparado para enfrentar un terremoto de gran magnitud.
Un edificio no tiene que colapsar para ser peligroso
Otro punto que preocupa a los especialistas es que muchas lesiones pueden producirse sin que la estructura principal se desplome.
Durante un terremoto pueden desprenderse fachadas, ladrillos, bloques, cielorrasos, vidrios y otros elementos que no forman parte de la estructura principal.
Por eso, un edificio que permanece de pie no necesariamente significa que sea seguro para entrar.
¿Qué grietas son una señal de alerta?
Después de un terremoto, los especialistas recomiendan prestar atención a señales como:
Grietas diagonales o en forma de X, especialmente cuando aparecen en columnas y vigas; desprendimiento de concreto; muros inclinados o abombados; pisos desnivelados; puertas y ventanas que comienzan a trabarse; separaciones entre muros, techos y pisos, así como hundimientos o deformaciones visibles.
Una grieta por sí sola no permite determinar si un edificio está en riesgo de colapso. La evaluación debe hacerla un profesional especializado.
El terremoto puede terminar, pero el riesgo no necesariamente
Las réplicas pueden seguir poniendo a prueba estructuras que ya resultaron dañadas.
Por eso, regresar a una vivienda únicamente porque “no se cayó” puede ser un error.
Si existen daños visibles o dudas sobre la seguridad del inmueble, lo recomendable es esperar una evaluación técnica antes de volver a ocuparlo.
Colombia ya ha vivido terremotos mucho más fuertes
El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto es uno de los más fuertes registrados en Colombia durante la última década, pero está lejos del récord histórico.
El terremoto de 1906, estimado en magnitud 8,8, sigue siendo el mayor registrado que afectó al país. Golpeó la costa Pacífica de Colombia y Ecuador y provocó un tsunami.
También destaca el terremoto de 1979, de magnitud 8,1, que generó un tsunami y graves daños en poblaciones de Nariño y Cauca.
La diferencia entre magnitudes no es pequeña. La escala sísmica es logarítmica: un incremento de una unidad de magnitud representa aproximadamente 32 veces más energía liberada.
El desafío: que la ciudad pueda seguir funcionando
La discusión que deja el terremoto va más allá de preguntar qué edificios se cayeron.
La ingeniería sísmica moderna busca que las construcciones no solo eviten el colapso, sino que sufran menos daños y puedan recuperar sus funciones después de un terremoto.
Países como Japón utilizan sistemas de aislamiento sísmico que reducen parte del movimiento que llega desde el suelo hacia la estructura.
Para Colombia, el desafío es avanzar hacia construcciones cada vez más seguras, especialmente en hospitales, colegios, edificios públicos y otras instalaciones esenciales.
Porque resistir un terremoto no significa solamente que el edificio siga en pie.
La verdadera prueba es que las personas sobrevivan, que los servicios esenciales continúen y que la ciudad pueda volver a funcionar cuando la tierra deje de moverse.
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