En entrevista, Eva Cadena sostiene que cargar sobre el mismo río el abasto urbano, industrial y del Corredor Interoceánico puede profundizar una crisis ambiental de alcance regional.
En entrevista, Eva Cadena sostiene que cargar sobre el mismo río el abasto urbano, industrial y del Corredor Interoceánico puede profundizar una crisis ambiental de alcance regional.
La entrevista ocurrió bajo la sombra de una ceiba, en medio de un paisaje que por sí mismo ayudaba a dimensionar el tema de la conversación. Muy cerca se extendían plantaciones de hule y pino; alrededor, una región forestal y ganadera que depende del agua y que, al mismo tiempo, ha experimentado durante décadas profundas transformaciones en el uso del suelo.
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Ahí, lejos de oficinas y salones de reuniones, Eva habló del río Uxpanapa.
Empresaria forestal y conocedora de la problemática ambiental del sur de Veracruz, sostiene que el debate sobre el nuevo aprovechamiento del agua no puede reducirse a la construcción de un acueducto ni a la necesidad de resolver el abasto de Coatzacoalcos.
El asunto, plantea, es mucho mayor.
Tiene que ver con una cuenca que nace en Los Chimalapas, atraviesa Uxpanapa y Las Choapas, continúa hacia Minatitlán y termina vinculándose con el río Coatzacoalcos. Una extensa región donde conviven selvas, comunidades indígenas, zonas ganaderas, agricultura, pesca y actividad industrial.
Y es precisamente ahí donde, asegura, falta mirar el problema completo.
—Mucha gente escucha la palabra acueducto y piensa simplemente en una larga tubería. ¿Qué está realmente en juego?
Eva explica que el aprovechamiento del Uxpanapa no comenzó ahora.
Desde 1987, recuerda, el sistema Uxpanapa-Cangrejera abastece de agua a complejos industriales como Morelos, Pajaritos y Cangrejera.
La preocupación actual surge porque esa misma fuente tendría que soportar una demanda considerablemente mayor: el abastecimiento de Coatzacoalcos, los polos de desarrollo vinculados al Corredor Interoceánico, las industrias que se instalen y, con ellas, el crecimiento de población y servicios.
Todo sobre un mismo sistema hídrico.
“Cuando secas la vena principal, las venitas que están a los lados también se secan”, ejemplifica.
La frase simplifica lo que para ella debe entenderse como un problema de cuenca.
No se trata únicamente del agua que corre por el cauce principal. Al disminuir el nivel de un río también pueden verse afectados sus afluentes, los mantos acuíferos, los humedales y las actividades de las comunidades que dependen de ellos.
Señales que ya están apareciendo
Para Eva, la discusión tampoco debe plantearse únicamente sobre lo que podría ocurrir en el futuro.
Hay comunidades donde los cambios ya son visibles.
Menciona Laguna Pajaral, en Las Choapas, una localidad que durante años tuvo en la pesca una de sus principales actividades.
La reducción del agua, señala, terminó modificando las condiciones de vida al grado de que habitantes tuvieron que emigrar.
En otras comunidades, como El Zapote, ganaderos han relatado que anteriormente los animales podían bajar directamente al río para abrevar.
Ahora, asegura, en algunos puntos el cauce se encuentra tan abajo que deben utilizar bombas para subir el agua hasta donde permanece el ganado.
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También hay testimonios de pozos que antes encontraban agua a poca profundidad y que hoy requieren perforaciones mucho mayores.
Para quienes viven en las ciudades estos cambios pueden pasar inadvertidos.
Para quien depende del campo, significan otra cosa.
Menos agua representa mayores costos para mantener el ganado, problemas para producir alimentos, pérdida de pesca y una presión cada vez mayor sobre actividades que sostienen a miles de familias en el sur de Veracruz.
Un río que comienza mucho antes de Las Choapas
Para entender al Uxpanapa, insiste Eva, hay que mirar hacia Los Chimalapas.
Es allí donde se encuentra parte de su origen y una de las zonas de mayor riqueza biológica del país.
Habla de jaguares, pumas, tapires y grandes extensiones de selva que todavía sobreviven, pero que también enfrentan presiones por deforestación, cambio de uso de suelo e invasiones.
El problema del agua, por ello, no puede separarse del problema forestal.
Eva lo conoce de cerca.
Su actividad como empresaria forestal le ha permitido observar cómo la pérdida de cobertura vegetal modifica las condiciones del territorio.
Veracruz, advierte, ha perdido enormes extensiones de selvas y bosques mientras las áreas de pastizales se han expandido.
Los efectos se sienten en el campo.
Ganaderos que antes no necesitaban comprar alimento durante determinadas temporadas ahora tienen que adquirir pastura; arroyos que mantenían agua durante buena parte del año disminuyen su caudal y los municipios empiezan a construir ollas de agua para enfrentar las temporadas más críticas.
El ciclo es sencillo de explicar, aunque sus consecuencias sean complejas: sin vegetación disminuye la capacidad del suelo para retener agua y recargar los mantos.
Y si, además, aumenta la extracción de los principales ríos, la presión se multiplica.
No están contra el desarrollo
Eva hace una precisión que considera fundamental.
Las comunidades y municipios involucrados no plantean una oposición automática al desarrollo ni al proyecto del Corredor Interoceánico.
“Lo que falta es equilibrio”, resume.
El cuestionamiento central es otro: ¿cuánta agua puede extraerse del Uxpanapa sin comprometer su capacidad para mantenerse?
Y, sobre todo, ¿existe un estudio integral que responda esa pregunta considerando toda la cuenca?
De acuerdo con lo expuesto durante la entrevista, las evaluaciones conocidas se han concentrado principalmente en las obras y sus trazos, pero no existiría un estudio regional suficientemente amplio que analice los efectos acumulados sobre el sistema del Uxpanapa.
Ese, considera, debería ser el punto de partida.
Antes de ampliar la extracción, primero tendría que conocerse con precisión cuánto puede aportar el río y cuánto necesita conservar.
También deberían escucharse las comunidades indígenas de Santa María Chimalapa y Uxpanapa, cuyos recursos naturales forman parte esencial de esta región.
El antecedente de Tatahuicapan
El nombre de Tatahuicapan aparece inevitablemente en la conversación.
Durante años, buena parte del abastecimiento de agua de Coatzacoalcos ha estado ligado a esa región, donde los conflictos por el aprovechamiento del recurso han derivado incluso en cierres y protestas.
Para Eva, el Uxpanapa no debería recorrer el mismo camino.
La diferencia, señala, es que en las comunidades que hoy comienzan a organizarse existe una preocupación que rebasa la compensación económica.
“No estamos interesados en que nos den dinero por el río; queremos que el río se mantenga”, resume al recordar la posición expresada por habitantes indígenas de Uxpanapa.
Es una visión distinta.
La pregunta no es cuánto vale entregar el agua.
La pregunta es qué quedará después.
Una región que entrega recursos, pero mantiene pobreza
Hay otra contradicción que Eva coloca sobre la mesa.
Durante décadas esta región ha aportado recursos naturales al desarrollo industrial del sur de Veracruz.
Agua, territorio, madera y condiciones para grandes proyectos productivos.
Sin embargo, muchas de las comunidades ubicadas en los municipios que aportan esos recursos continúan enfrentando pobreza y rezago.
Para ella, cualquier nuevo proyecto tendría que corregir esa relación.
Si el Uxpanapa será estratégico para el Corredor Interoceánico, argumenta, entonces también tendría que ser estratégica la conservación de la región que permite que ese recurso exista.
Eso significaría programas serios de reforestación, restauración ambiental, recuperación de cauces y atención a las comunidades.
No solamente extraer agua.
“Que seamos la generación que habló”
Bajo aquella ceiba, la conversación terminó inevitablemente mirando hacia adelante.
Eva recordó las palabras de un joven indígena de Santa María Chimalapa durante uno de los encuentros comunitarios.
Su planteamiento fue sencillo: que las generaciones futuras puedan recordar que hubo una generación que levantó la voz, habló con el gobierno y logró mediante el diálogo cambiar el rumbo de su región.
La frase parece resumir el fondo de todo el movimiento.
No se trata únicamente del acueducto. Ni de una disputa entre municipios. Ni siquiera solamente del agua que hoy corre por el Uxpanapa.
Se trata de decidir en qué condiciones llegará ese río a las próximas generaciones.
—Si dentro de 20 años alguien viera esta entrevista, ¿qué te gustaría que hubiera pasado?
La pregunta evidentemente la emociona. Responde que quisiera que encontraran un Uxpanapa todavía vivo.
Recuerda que años atrás, cuando fue regidora municipal, una especialista que recorrió con ella la región describió al Uxpanapa como uno de los ríos más limpios del país.
Eso, dice, es precisamente lo que debería preservarse.
Que quienes hoy son niños puedan regresar algún día y encontrar el mismo río.
Que exista reforestación. Que las comunidades hayan mejorado sus condiciones. Que el desarrollo industrial no haya significado la desaparición de aquello que permitió ese desarrollo.
Porque -en su papel de Secretaria Ejecutiva de la Comision para el Rescate del Río Uxpanapa por el gobierno municipal de Jesús Uribe Esquivel- después de recorrer comunidades, escuchar productores y revisar las condiciones actuales del río, Eva llegó a una conclusión más severa que la que tenía cuando comenzó a involucrarse en el tema:
al Uxpanapa ya no solamente hay que conservarlo.
Hay que rescatarlo.