Muestras recolectadas en comunidades cercanas al pozo serán analizadas por un laboratorio universitario de Campeche. Greenpeace busca determinar si existen concentraciones de hidrocarburos en agua y suelo.
Muestras recolectadas en comunidades cercanas al pozo serán analizadas por un laboratorio universitario de Campeche. Greenpeace busca determinar si existen concentraciones de hidrocarburos en agua y suelo.
Lo que durante meses los campesinos dijeron haber visto en los arroyos, en los manantiales y sobre la tierra alrededor del KREM-1, ahora será llevado al laboratorio.
Investigadores de una institución universitaria del estado de Campeche realizarán análisis especializados a muestras de agua y suelo recolectadas la semana pasada por integrantes de Greenpeace México en comunidades cercanas al pozo petrolero que permaneció fuera de control durante casi cinco meses.
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El objetivo es determinar si existen concentraciones de hidrocarburos y, a partir de esos resultados, aportar información independiente sobre las condiciones ambientales que prevalecen después de una contingencia que comenzó el pasado 5 de marzo y terminó operativamente hasta principios de agosto, cuando Pemex anunció el cierre definitivo del KREM-1.
Durante ese periodo, el pozo expulsó grandes cantidades de gases a la atmósfera y se registraron derrames de hidrocarburos en la zona, mientras habitantes de comunidades rurales denunciaron afectaciones en arroyos, pastizales, vegetación, ganado y salud.
Ahora Greenpeace busca respuestas en el agua y en la tierra.
Llevar las dudas al laboratorio
Irving García Sandoval, campañista de Cambio Climático y Océanos de Greenpeace México, explicó a PRESENCIA.MX que la organización decidió realizar los muestreos para conocer científicamente las condiciones que existen actualmente alrededor del KREM-1.
La intención, señaló, es que mediante análisis de laboratorio se determine si existe presencia y concentración de hidrocarburos en el agua y suelo de las comunidades cercanas.
Los resultados, agregó, podrían brindar a los habitantes un elemento independiente para conocer la situación real de los recursos de los que dependen diariamente.
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Porque mientras Pemex ha sostenido que sus monitoreos no muestran niveles de contaminación que representen riesgos relevantes para la población, en las comunidades la percepción es distinta.
Ahí la gente mira los arroyos todos los días. Los utiliza. Da de beber al ganado. Siembra alrededor de ellos.
Y observa cambios que, aseguran, antes de la contingencia no estaban ahí.
Los arroyos que nacen en Nacimiento
Durante su recorrido, los integrantes de Greenpeace fueron acompañados por autoridades y habitantes de distintas comunidades.
En el ejido Nacimiento, el comisariado Leobardo Hernández los condujo hacia algunos de los arroyos que nacen en esa región y les mostró lo que los campesinos consideran evidencias visibles de contaminación.
Comparó las piedras de dos arroyos -Arroyo Grande y arroyo Garduza-, justo donde confluyen y es evidente que las piedras que están en el lecho del arroyo Grande se hallan están impregnadas de un lodo que se siente grasoso, mientras que las piedras del arroyo Garduza, cuyas aguas son cristalinas, las piedras están completamente limpias… pero dicho afluente, también alimenta el arroyo grande…
Para el integrante de Greenpeace, observar directamente esos cuerpos de agua resulta fundamental porque no se trata únicamente de determinar si existen hidrocarburos.
También se trata de conocer qué significa una posible contaminación para quienes dependen de esos recursos para vivir.
“Eso es muy importante para entender cuál es la afectación en sus modos de vida derivados de este accidente”, explicó.
Agricultura y ganadería son las principales actividades económicas de las comunidades que rodean al KREM-1. El agua de arroyos y manantiales forma parte de la vida cotidiana de ranchos, cultivos y animales.
Por eso, cualquier alteración tiene consecuencias que van mucho más allá de una mancha sobre el agua.
¿Qué dirán las muestras?
Greenpeace recorrió comunidades como Las Cruces, La Guadalupe, Nacimiento, Lázaro Cárdenas y Francisco Villa, entre otras, para recolectar muestras de agua y suelo.
El material fue conservado bajo refrigeración desde el momento de su recolección hasta su entrega al laboratorio universitario en Campeche.
Los análisis buscarán establecer si existen hidrocarburos y en qué concentraciones.
Sin embargo, incluso un resultado positivo deberá ser interpretado científicamente para determinar el origen de los contaminantes, el nivel de exposición y los posibles efectos de corto y largo plazo.
García Sandoval explicó que, de confirmarse concentraciones asociadas a la contingencia, los resultados podrían aportar elementos para determinar responsabilidades y exigir reparación.
En su planteamiento, correspondería tanto a Petróleos Mexicanos como a la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) responder ante las afectaciones que científicamente puedan acreditarse en tierras, aguas y, eventualmente, en la salud de las personas.
Greenpeace mete el KREM-1 en su agenda
Liliana Juárez, de Greenpeace México, confirmó que el caso KREM-1 forma ya parte de la agenda de la organización para documentar y visibilizar las consecuencias que la industria de los combustibles fósiles puede generar sobre comunidades rurales.
El interés de Greenpeace ocurre cuando el pozo ya está cerrado, pero las preguntas sobre lo sucedido alrededor permanecen abiertas.
Pemex ha anunciado trabajos de saneamiento, reparación de daños y compensaciones a productores; sin embargo, las comunidades continúan reclamando estudios independientes que permitan conocer qué ocurrió realmente con el agua, el suelo y la salud durante los meses que permanecieron expuestas a la contingencia.
La visita de Greenpeace se suma a otras evaluaciones independientes realizadas recientemente en la zona.
Días antes, Patricia Rodríguez, especialista internacional de Earthworks, recorrió las inmediaciones del KREM-1 con una cámara de imágenes ópticas de gas para buscar emisiones invisibles al ojo humano. Su primera revisión no detectó una fuga evidente después del cierre del pozo, aunque advirtió que los efectos de meses de exposición requieren investigaciones de largo plazo.
De los testimonios a las pruebas
Durante meses, alrededor del KREM-1 abundaron los testimonios.
Campesinos hablaron de agua con apariencia aceitosa.
De pastizales que se secaron.
De árboles que perdieron las hojas.
De ganado afectado.
De dolores de cabeza, irritación en la garganta y problemas respiratorios.
PRESENCIA.MX ha documentado buena parte de esas denuncias directamente en las comunidades.
Pero una cosa es lo que los habitantes ven y padecen, y otra establecer científicamente qué lo provocó.
Por eso las pequeñas botellas y recipientes que Greenpeace sacó de los arroyos y de la tierra pueden terminar teniendo un peso mucho mayor del que aparentan.
Por ahora se encuentran ya bajo estudio en un laboratorio de Campeche.
En unas cuatro semanas, podrán conocerse los resultados que arrojen los análisis de la tierra y agua de muestras y servirán para que los campesinos tengan elementos en cuanto a la magnitud de los daños que provocó el desastre del pozo petrolero Krem-1.
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