Ciudad de México.-

La Luna se teñirá de rojo: los mitos que durante siglos han acompañado a los eclipses

Presagios, embarazos, guerras y hasta seres que “devoran” los astros forman parte de antiguas creencias que aún sobreviven.
27/08/2026 07:55 a.m.
Jorge Ayala
Presencia.MX

La noche de este jueves y durante las primeras horas del viernes, millones de personas podrán dirigir nuevamente la mirada al cielo ante un fenómeno que, aunque hoy puede explicarse y predecirse con enorme precisión, durante siglos provocó temor, asombro y toda clase de interpretaciones: un eclipse lunar que hará que buena parte de la Luna adquiera tonalidades rojizas.

Ya tenemos canal de WhatsApp! Únete aquí​​​​​​​

La NASA tiene registrado para el 28 de agosto de 2026, en horario UTC, un eclipse parcial de Luna visible desde América, además de otras regiones del planeta. Durante un eclipse parcial, una parte de la Luna atraviesa la zona más oscura de la sombra terrestre, conocida como umbra. 


Pero mucho antes de conocer esta explicación, diferentes civilizaciones intentaron comprender los eclipses a través de sus propias creencias, y algunas de ellas consiguieron sobrevivir durante generaciones.


¿Una señal de que algo malo estaba por ocurrir?


En el México antiguo, los eclipses no eran acontecimientos menores.


El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señala que llegaron a relacionarse con cambios importantes, como el comienzo o final de ciclos, modificaciones de gobierno, la agricultura y la fortuna de las comunidades. Existen registros relacionados con fenómenos astronómicos en sitios como Palenque y Xochicalco. 


Para algunas sociedades prehispánicas, especialmente en el caso de los eclipses solares, también existía la idea del presagio.


El propio INAH documenta que entre los mexicas estos acontecimientos llegaron a interpretarse como una lucha entre fuerzas o deidades asociadas al Sol y la Luna, y algunos episodios importantes de su historia fueron posteriormente relacionados con eclipses. 


De ahí proviene una de las creencias que ha acompañado durante siglos a estos fenómenos: que después de un eclipse podría suceder una guerra, una desgracia o algún acontecimiento extraordinario.


No existe evidencia científica de que los eclipses puedan predecir este tipo de sucesos.


La creencia que todavía escuchamos: el peligro para las embarazadas


Quizá uno de los mitos más arraigados en México es que una mujer embarazada no debería observar un eclipse porque podría provocar algún problema al bebé.

  Mantente al día con las noticias, únete a nuestro grupo de WhatsApp​

Todavía es común escuchar recomendaciones como colocarse un listón rojo alrededor del vientre, utilizar un seguro, cargar un objeto metálico o evitar salir mientras ocurre el fenómeno.


La creencia es mucho más antigua de lo que parece.


La UNAM, citando a la astrónoma Julieta Fierro Gossman, ha documentado que entre los mexicas las mujeres embarazadas llegaban a colocarse un pedernal como protección ante la creencia de que un eclipse podía provocar que sus hijos nacieran con determinadas malformaciones. 


Incluso entre pueblos mayas han sido documentadas creencias según las cuales una mujer embarazada que se rascara durante un eclipse podría transmitir una mancha al bebé.


La UNAM es clara: científicamente no existe evidencia que relacione los eclipses con malformaciones o riesgos para las mujeres embarazadas y sus hijos. 


Cuando la Luna parecía estar siendo “devorada”


La desaparición parcial o total de un astro también dio origen a historias mucho más espectaculares.


En diversas culturas surgió la idea de que algún animal, monstruo o divinidad estaba devorando al Sol o a la Luna.


Investigaciones difundidas por la UNAM explican que en distintas lenguas originarias mexicanas permanecen expresiones relacionadas con estas antiguas concepciones. En algunas, un eclipse es descrito mediante ideas semejantes a que el astro es “comido”, “mordido” o “muere”. 


Estas interpretaciones permiten dimensionar lo desconcertante que debió resultar para nuestros antepasados observar cómo un cuerpo celeste que parecía inmutable comenzaba repentinamente a oscurecerse.

¿Y por qué realmente se pone roja?


Aquí termina el mito y comienza la astronomía.


Durante un eclipse lunar, la Tierra se encuentra entre el Sol y la Luna y bloquea gran parte de la luz solar que normalmente ilumina nuestro satélite.


Sin embargo, una parte de esa luz atraviesa la atmósfera terrestre.


De acuerdo con la NASA, los colores de longitud de onda más corta, como azules y violetas, se dispersan con mayor facilidad, mientras que la luz roja y naranja consigue atravesar la atmósfera y llegar hasta la superficie lunar. El resultado es esa característica tonalidad cobriza o rojiza.


Es básicamente el mismo fenómeno que provoca los colores rojos y anaranjados que observamos durante un amanecer o un atardecer.


La NASA lo describe de una manera particularmente sencilla: durante el eclipse, es como si los amaneceres y atardeceres de toda la Tierra iluminaran la Luna. 


Siglos después, la Luna roja sigue fascinándonos


Ya no necesitamos recurrir a monstruos, malos augurios o amuletos para explicar lo que ocurre sobre nuestras cabezas.


Sabemos cuándo sucederá un eclipse, cuánto durará, desde dónde podrá observarse e incluso podemos calcular con enorme precisión el recorrido que seguirá la Luna por la sombra de nuestro planeta.


Pero algo no ha cambiado.


Cuando la Luna comienza a oscurecerse y adquiere ese extraño color rojizo, seguimos levantando la mirada al cielo con prácticamente el mismo asombro con el que lo hicieron quienes vivieron hace cientos o miles de años.


La diferencia es que ahora sabemos por qué sucede.


Fuentes consultadas: NASA Ciencia; Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

¡Suscríbete a nuestro canal de YouTube! Aquí​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​