El terremoto del 7 de septiembre de 2017 dejó 99 muertos en el país, miles de viviendas dañadas y una huella imborrable en comunidades del Istmo de Tehuantepec.
El terremoto del 7 de septiembre de 2017 dejó 99 muertos en el país, miles de viviendas dañadas y una huella imborrable en comunidades del Istmo de Tehuantepec.
El 7 de septiembre de 2017 quedó grabada para siempre en la memoria del Istmo de Tehuantepec. A las 23:49 horas, la tierra comenzó a sacudirse con una fuerza pocas veces vista. El sismo alcanzó una magnitud de 8.2, con epicentro en el golfo de Tehuantepec, y sus efectos fueron devastadores, particularmente en Juchitán, Asunción Ixtaltepec, Unión Hidalgo y otros municipios del Istmo.
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Aquella noche, muchas familias salieron de sus casas con lo puesto. Cientos de personas pasaron los primeros días y noches en calles, parques, patios o bajo lonas, con miedo de regresar a sus viviendas por las constantes réplicas.
El teléfono dejó de ser solamente un medio para comunicarse: se convirtió en la manera de saber quién estaba vivo, y quién necesitaba ayuda.
El dolor también tuvo nombres y rostros. En Oaxaca murieron 79 personas, de acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres; en todo el país, el terremoto dejó 99 víctimas mortales.
Juchitán fue uno de los lugares más golpeados. Se reportaron decenas de personas fallecidas, cientos de heridas y miles de viviendas dañadas. El palacio municipal, iglesias, escuelas, hospitales y numerosas casas quedaron seriamente afectados.
Las víctimas mortales fueron veladas en las calles, porque sus casas habían quedado reducidas en escombros, el dolor y el llanto se escuchaba en diversas zonas de la ciudad.
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Después del estruendo vino otra larga historia: la de los damnificados.
Llegaron los censos, las despensas, los víveres, las cocinas comunitarias y las tarjetas para la reconstrucción. Pero también llegaron meses —y para muchas familias, años— de vivir entre escombros, reconstruir poco a poco sus hogares y enfrentar la incertidumbre de cuándo volverían a tener una vivienda segura.
Más de 112 mil viviendas resultaron afectadas y se contabilizaron 449 mil 628 damnificados por aquel terremoto, según CENAPRED.
El Istmo recibió ayuda desde distintos puntos del país. Personas que nunca se habían visto se abrazaron, compartieron alimentos, agua, ropa y herramientas.
A nueve años del sismo, quizá algunas heridas ya no se ven. Muchas casas fueron reconstruidas y las calles volvieron a llenarse de vida. Pero quienes vivieron aquella noche saben que hay recuerdos que permanecen: el sonido de las láminas, las paredes moviéndose, los gritos, las calles llenas de gente, las veladoras encendidas y esa sensación de que, por unos minutos, el mundo entero se había detenido.
El 7 de septiembre no es solamente una fecha. Es memoria. Es ausencia. Es reconstrucción. Pero también es solidaridad y resistencia.
Porque el Istmo cayó aquella noche, pero también aprendió a levantarse.
Una remembranza a nueve años del terremoto de 8.2 que marcó para siempre la historia reciente del Istmo de Tehuantepec
En memoria de las víctimas, las autoridades realizan cada año un acto conmemorativo en el centro de la ciudad de Juchitán, Oaxaca, donde realizan el recuendo de lo ocurrido y los avances de la reconstrucción.
Con información del
HeraldodeMéxico
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