Ciudad de México.-

11-S: los mexicanos que murieron en las Torres Gemelas y las historias que dejó el atentado 25 años después

Cinco mexicanos fueron identificados entre las víctimas del World Trade Center; otros 11 quedaron en los registros de posibles fallecidos. Sus historias forman parte de la memoria de una tragedia que aún tiene heridas abiertas.
11/09/2026 07:52 a.m.
infobae.com

Eran las 8:46 de la mañana cuando el vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center. En los pisos 106 y 107, donde funcionaba el restaurante Windows on the World, la jornada apenas comenzaba.


Entre quienes se encontraban trabajando en ese lugar había mexicanos que habían llegado a Nueva York en busca de una oportunidad. Antonio Javier Álvarez, Antonio Meléndez, Leobardo López Pascual y Martín Morales Zempoaltécatl formaban parte del personal del restaurante. Juan Ortega Campos, también mexicano, trabajaba como repartidor en el complejo.

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Aquel martes, sus vidas quedaron unidas para siempre a uno de los acontecimientos que cambiaron la historia contemporánea. Veinticinco años después, sus nombres permanecen inscritos en el Memorial y Museo del 11 de Septiembre, mientras las historias de otros mexicanos que pudieron encontrarse en el World Trade Center siguen rodeadas de preguntas y ausencia.


Los cinco mexicanos cuyos nombres quedaron en el memorial


Las autoridades mexicanas llegaron a establecer que al menos 16 connacionales estaban relacionados con las víctimas de los atentados. Sin embargo, solo cinco pudieron ser identificados plenamente y sus nombres fueron incluidos en el memorial del World Trade Center: Antonio Javier Álvarez, Antonio Meléndez y Leobardo López Pascual, originarios de Puebla; Juan Ortega Campos, de Morelos, y Martín Morales Zempoaltécatl, de Tlaxcala.


Martín Morales tenía 22 años y había nacido en Santa Catarina Ayometla, Tlaxcala. Llegó a Nueva York en 1998 con la intención de aprender inglés y ahorrar dinero para construir una casa cuando regresara a su comunidad. Después de desempeñar distintos trabajos, en 2000 consiguió empleo como chef asistente en Windows on the World.


La mañana del atentado se encontraba en el piso 106. Después de los ataques, familiares y amigos colocaron carteles con su fotografía en hospitales y centros de atención para tratar de encontrarlo. Uno de esos carteles forma parte actualmente de la colección del National September 11 Memorial & Museum y documenta que Morales trabajaba en Windows on the World.


Antonio Javier Álvarez, Antonio Meléndez y Leobardo López Pascual también habían salido de Puebla para buscar oportunidades laborales en Estados Unidos. Los tres formaban parte del personal del restaurante ubicado en la Torre Norte.


Álvarez tenía poco más de 20 años y trabajaba como parrillero. Meléndez, originario de Acatlán, Puebla, tenía 29 años y se desempeñaba como cocinero. López Pascual, originario de San Pablo Anicano, Puebla, tenía 41 años y trabajaba como cocinero y mesero.

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Juan Ortega Campos era originario de Morelos y realizaba labores de reparto dentro del complejo. A diferencia de quienes permanecían en los pisos superiores del restaurante, su trabajo implicaba desplazarse por distintos puntos del World Trade Center.


Los cinco nombres fueron incluidos en el memorial porque existía evidencia suficiente para establecer su muerte. En 2011, el entonces cónsul de México en Nueva York, Carlos Sada, explicó que el principal problema para incorporar a los demás mexicanos era la falta de evidencia, particularmente de ADN.

La Zona Cero (o Ground Zero) es el nombre con el que se conoce al espacio en el Bajo Manhattan, Nueva York, donde se ubicaban las Torres Gemelas antes de los atentados del 11-S. Foto: EFE/EPA/Ted S. Warren / POOL/Archivo

Los otros 11 mexicanos cuya muerte no pudo ser confirmada


En los días posteriores al ataque, el Consulado de México en Nueva York, organizaciones de migrantes y familiares comenzaron a recopilar información sobre mexicanos que posiblemente se encontraban en el World Trade Center aquella mañana.


La lista no estaba integrada únicamente por trabajadores de grandes empresas. El complejo reunía restaurantes, comercios y servicios donde laboraban cocineros, meseros, personal de limpieza, mantenimiento, reparto y otros trabajadores.


Con el paso del tiempo, se estableció un registro de 16 mexicanos relacionados con las víctimas. Cinco fueron identificados oficialmente. Los otros 11 permanecieron como posibles fallecidos sin que se lograra confirmar su muerte mediante la recuperación e identificación de restos. La existencia de esa segunda lista ha sido documentada por medios y por exfuncionarios consulares.


Entre esos nombres aparecen Arturo Alba Moreno, José Manuel Contreras, Germán Castillo García, José Guevara González, José Antonio Santos Anaya, Fernando Jiménez Molina, Alicia Acevedo Carranza, Víctor Antonio Martínez Pastrana, Juan Romero Orozco, Margarito Casillas y Norberto Hernández.

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La diferencia entre ambos grupos es fundamental: los cinco mexicanos inscritos en el memorial fueron identificados como víctimas, mientras que en los otros casos no fue posible obtener restos que permitieran realizar una identificación forense.


La incertidumbre también refleja una de las dimensiones más dolorosas de los atentados. Miles de fragmentos y restos fueron recuperados después del derrumbe de las torres, pero el calor, el impacto y las condiciones de la destrucción hicieron imposible identificar a todas las víctimas.


Una bandera mexicana entre los escombros

Ilustración de un hombre con gorra decorada, placa militar al cuello y camiseta negra con la palabra Bomberos y la bandera de México. 

Entre los objetos recuperados de la Zona Cero hubo también un símbolo que sobrevivió a la destrucción: una bandera mexicana.


Quince años después de los atentados, la bandera fue reinstalada en el primer piso del Consulado General de México en Nueva York durante una ceremonia realizada en septiembre de 2016, en el marco del aniversario de los ataques y en homenaje a los mexicanos fallecidos.


La ceremonia reunió al entonces cónsul general Diego Gómez Pickering con familiares de las víctimas. La bandera, recuperada de la zona de impacto de las Torres Gemelas, quedó expuesta junto con una placa alusiva como parte de la memoria de los connacionales afectados por la tragedia.


Así, mientras los nombres de cinco mexicanos quedaron grabados en el memorial del World Trade Center, aquella bandera se convirtió en otro recordatorio de la presencia mexicana entre los miles de trabajadores, visitantes y rescatistas que estuvieron en la Zona Cero aquel día.

Una bandera mexicana fue encontrada en la zona del ataque de las torres gemelas, años más tarde, fue colocada en el Consulado General de México en Nueva York. (Foto: X/@ConsulMexNuy) 

El mexicano que corrió hacia las Torres Gemelas


Entre las historias mexicanas relacionadas con el 11-S también está la de Rafael Hernández, un bombero y paramédico formado en México que no pertenecía al Departamento de Bomberos de Nueva York, pero que decidió acudir a las Torres Gemelas cuando vio el humo.


Hernández se encontraba cerca del World Trade Center cuando ocurrió el primer impacto. Su experiencia como bombero lo llevó a acercarse a una estación ubicada frente a las torres. Mostró su identificación como bombero mexicano y, según relató posteriormente, los integrantes del cuerpo de bomberos le permitieron colaborar.


Le proporcionaron una chaqueta y una manguera y entró a la Torre Norte mientras cientos de personas intentaban salir.

En el atentado del 11 de septiembre murieron 16 mexicanos, sin embargo, solo se pudo identificar a cinco mediante pruebas de ADN. (Foto: X/@ConsulMexNuy) 

En el piso 28 encontró a una mujer identificada como Alison, quien, según el relato de Hernández, tenía nueve meses de embarazo y había comenzado el trabajo de parto. El mexicano decidió cargarla y bajar con ella por las escaleras.


Hernández contó que le prometió que no la abandonaría y que ambos saldrían del edificio. Descendió con ella los 28 pisos hasta llegar a la calle, donde permaneció hasta que fue atendida por una ambulancia. Poco después, las Torres Gemelas colapsaron.


La historia fue reconstruida principalmente a partir del propio testimonio de Hernández. El nombre completo de la mujer y algunos detalles médicos de aquel rescate no han sido corroborados públicamente en las fuentes disponibles, por lo que deben tratarse como parte de su relato personal.


De la Zona Cero a una lucha contra las secuelas


Hernández no se marchó de Nueva York después del ataque. Durante meses permaneció en la Zona Cero colaborando en la búsqueda de sobrevivientes, recuperación de restos y limpieza de los escombros.


Contó que inicialmente trabajó con las manos desnudas y que posteriormente recibió equipo de protección limitado. Años después comenzó a sufrir problemas respiratorios y otras enfermedades.


En una entrevista publicada poco antes de su muerte, relató que necesitaba dormir conectado a un respirador y que había perdido buena parte de la condición física que tenía cuando trabajaba como bombero.


Rafael Hernández murió el 25 de septiembre de 2011. Su causa oficial de muerte no fue atribuida directamente a la exposición en la Zona Cero, aunque amigos y compañeros sostuvieron que los problemas de salud que desarrolló después del 11-S estaban relacionados con su trabajo entre los escombros.

Una bandera mexicana entre los escombros: el símbolo que sobrevivió al derrumbe de las Torres Gemelas hace 25 años. (Foto: X/@ConsulMexNuy-SETH MCALLISTER / AFP) 

Su historia también quedó ligada a otros desastres. En 2005 viajó a Luisiana para ayudar a las víctimas del huracán Katrina, convencido de que la labor de rescate estaba por encima de fronteras y nacionalidades.


La mexicana que decidió bajar por las escaleras


Otra historia de supervivencia es la de Laura Iturbide, académica mexicana que se encontraba en el complejo del World Trade Center cuando ocurrió el primer impacto.


Iturbide recordó años después que estaba hospedada en el hotel del complejo cuando sintió la explosión. Al principio pensó que podía tratarse de un accidente aéreo, pero rápidamente comprendió que algo grave estaba ocurriendo.


Aunque desde el inmueble les indicaron que permanecieran en sus habitaciones, ella y una acompañante decidieron salir. No utilizaron los elevadores: bajaron por las escaleras aproximadamente 17 pisos.

La sobreviviente del 11S afirmó que su experiencia del terremoto de 1985 habría influido en su reacción para evacuar tras el atentado en Nueva York. (EFE) 

Durante el descenso, recordó el calor, el humo y la dificultad para respirar. Cuando finalmente logró alejarse del complejo, observó el colapso de las torres desde una zona cercana al río Hudson.


Con el tiempo, Iturbide describió el 11 de septiembre como su “segundo cumpleaños”, porque considera que aquella decisión de abandonar el edificio cambió para siempre el rumbo de su vida.


En menos de dos horas, Estados Unidos cambió para siempre


Los atentados comenzaron a las 8:46 de la mañana, cuando el vuelo 11 de American Airlines impactó la Torre Norte.

DEF 9 de Septiembre 2021 

A las 9:03, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. El segundo impacto confirmó ante millones de personas que no se trataba de un accidente.


A las 9:37, el vuelo 77 de American Airlines impactó el Pentágono, mientras que a las 9:59 se desplomó la Torre Sur.


A las 10:03, el vuelo 93 de United Airlines cayó en un campo de Pensilvania después de que sus pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.


A las 10:28, la Torre Norte también colapsó.


En menos de dos horas, cuatro aviones comerciales habían sido secuestrados y utilizados en ataques contra Nueva York, el Pentágono y Pensilvania. Casi 3 mil personas murieron ese día.


25 años después, la historia forense todavía no termina

La sobreviviente del 11S dijo que tomó terapia durante un año y que el trauma no desaparece, sino que se aprende a sobrellevar con el paso del tiempo. EFE/Pedro J. Cárdenas ARCHIVO
 

Un cuarto de siglo después, la identificación de las víctimas continúa.


El 24 de agosto de 2026, la Oficina del Médico Forense de Nueva York anunció la identificación de una mujer adulta cuya identidad fue reservada a petición de su familia. Fue la primera víctima del 11-S identificada mediante genealogía genética forense y elevó a mil 654 el número de víctimas identificadas entre las 2 mil 753 personas que murieron en Nueva York.


Eso significa que 1,099 víctimas del World Trade Center permanecen sin identificar.


El dato demuestra que, 25 años después, el trabajo forense no ha terminado. Las autoridades de Nueva York continúan analizando restos recuperados de la Zona Cero y aplicando nuevas técnicas de ADN para intentar devolver un nombre a quienes todavía permanecen sin identificar.


Para las familias, la espera no terminó con el derrumbe de las Torres Gemelas.


Tampoco para los mexicanos cuyos nombres quedaron vinculados a aquella mañana.

El recuento minuto a minuto del Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre ubica impactos en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania, con casi 3 mil fallecidos. (AFP) 

Cinco tienen un nombre grabado en el memorial. Otros 11 permanecen en los registros de posibles fallecidos sin que sus restos hayan podido confirmar qué ocurrió con ellos.


Y entre la destrucción quedaron también historias como la de Martín Morales, quien quería regresar a Tlaxcala para construir una casa; la de los trabajadores poblanos que llegaron a Nueva York buscando una oportunidad; la de Juan Ortega, que recorría el complejo como repartidor; la de Laura Iturbide, que decidió bajar las escaleras; y la de Rafael Hernández, quien hizo lo contrario: mientras todos huían, corrió hacia las Torres Gemelas para ayudar.


Veinticinco años después, el 11 de septiembre no es solamente una fecha en el calendario. Es también una suma de nombres, fotografías, familias que esperaron noticias y vidas que quedaron suspendidas aquella mañana en Nueva York.

Con información del

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