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Héctor Velázquez Vázquez narraba entre risas el ataque a balazos que casi le costó la vida en una comunidad rural de su natal Sayula de Alemán, donde desempeñaba el cargo de regidor durante el cuatrienio 2018-2021.
Extraoficialmente se afirmaba que aquella agresión –sumada a un secuestro que sufrió en otro momento, tras el cual apareció en el municipio de Las Choapas- provino de células del crimen organizado contra el político que militó en el Partido Verde Ecologista de México.
El quince de febrero del 2020, varios meses después de su encuentro con periodistas a los que contó sus anécdotas y afanes de buscar la candidatura por la alcaldía, Velázquez Vázquez murió acribillado a bordo de su camioneta NISSAN, color gris con placas YGK-40-22, junto a una mujer con quien dialogaba sobre la calle Flores Magón, frente a las oficinas locales del Partido Revolucionario Institucional en Acayucan.
Héctor Velázquez Vázquez era propietario del rancho Montecristo, ubicado a un costado de la carretera 185 ó transístmica, entre las poblaciones de Aguilera –municipio de Sayula de Alemán- y Campo Nuevo –municipio de San Juan Evangelista-.
A punto de cumplirse seis años tras el asesinato del regidor sayuleño, este domingo cuatro de enero fue hallado sin vida su hijo Héctor Velázquez Díaz, de 26 años.
El asesinato de Héctor Velázquez Jr. -o Hectorín como se le conocía en el ámbito social- forma parte de la primera masacre ocurrida en suelo veracruzano a cuatro días de haber arrancado el año y los nuevos Ayuntamientos.
Hectorín fue decapitado y su cabeza apareció junto a la de tres hombres más, no identificados al momento de escribir esta columna.
Las cuatro cabezas desprendidas de los cuerpos, con huellas de balazos y señales de tortura, fueron halladas en el rancho Montecristo.
Una hermana de Héctor Velázquez Díaz acudió al rancho herencia de su padre ante la extraña ausencia del joven por varias horas –otra versión indica que desapareció durante varios días-.
Tras el hallazgo de los cuatro ejecutados y decapitados se informó a las autoridades que acudieron para levantar los cadáveres e iniciar las pesquisas de ley.
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Cuando murió acribillado en Acayucan, Héctor Velázquez Vázquez mantenía una relación sentimental con Lorena Sánchez Vargas, madre de un hijo suyo.
Durante los comicios locales del 2021 el partido MORENA otorgó la candidatura por la alcaldía de Sayula de Alemán a la joven viuda, Sánchez Vargas.
El empresario exportador de cítricos y ganadero, Erasmo Vázquez González, respaldó económica y políticamente a Lorena Sánchez y obtuvieron el triunfo.
Una vez en el poder, Lorena Sánchez Vargas rompió políticamente con Erasmo Vázquez y en el marco de aquel choque de y por el poder surgió un escándalo de trascendencia nacional: la alcaldesa lanzó numerosas acusaciones contra su ex aliado, entre las cuales apuntó el presunto secuestro de su hijo –procreado con Héctor Velázquez Vázquez y medio hermano de Héctor Velázquez Díaz o Hectorin-.
De las denuncias de Lorena Sánchez dieron acuse de recibo autoridades estatales y federales.
Las investigaciones policiales determinaron la falsedad sobre el caso de secuestro del hijo de la alcaldesa y se supo que un hermano suyo mantenía en sus manos al niño, en acuerdo con la madre y presunta víctima.
Sayula de Alemán, ubicado en la parte veracruzana del Istmo de Tehuantepec, vivió un escenario incontrolable de crisis políticas y de inseguridad durante el cuatrienio de Lorena Sánchez Vargas, que concluyó el pasado 31 de diciembre.
Los altos niveles de violencia no fueron privativos del municipio sayuleño ni hay indicios oficiales sobre responsabilidad de la edil al respecto.
Erick Patrocinio Cisneros Burgos, secretario de Gobierno durante el sexenio de Cuitláhuac García Jiménez, también respaldó políticamente a la presidenta sayuleña.
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La masacre con cuatro varones decapitados, sin embargo, ya no corresponde al calendario edilicio de la polémica Lorena Sánchez Vargas.
El tema, por otra parte, tampoco es de índole municipal y aunque se trate de un delito del fuero común, su frontera con el fuero federal es muy delgada por la presencia y acción permanente del crimen organizado que ha marcado a Veracruz –y al sur en particular- en todas sus dimensiones: la vida cotidiana, el tejido social, su micro y macroeconomía, el ejercicio institucional, el quehacer político, sus prácticas culturales, etcétera.
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La masacre en Sayula de Alemán, dada a conocer el primer domingo del 2026, forma parte de una larga lista de asesinatos con más de cuatro víctimas en el sur, centro y norte de Veracruz a lo largo de las últimas dos décadas y con antecedentes desde hace casi medio siglo.
A Héctor Velázquez Vázquez (+) se le ubica como un operador –lugarteniente- de Cirilo Vázquez Lagunes, asesinado en noviembre del 2006.
Estamos, así, ante una condición de violencia que suma tres, cuatro o más generaciones sin que el Estado sea capaz de encontrar una solución de calado profundo, es decir estructural.
La raíz de esta violencia es histórica; abarca factores étnicos, de identidad, culturales, socioeconómicos, político-ideológicos, dialécticos; vinculados todos a conflictos sociales y políticos más obvios como la impunidad, la ausencia de justicia, la corrupción social y política, los niveles muy bajos de educación y atención en salud; escasez de empleo, infraestructura insuficiente y dañada, modelos económicos erróneos, ausencia democrática; entre otros…
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Ayer, un hombre fue ejecutado mientras participaba de una fiesta particular en Coatzacoalcos.
La masacre de Sayula de Alemán y el hombre asesinado en el antiguo Puerto México, dan la bienvenida a los nuevos 212 alcaldes veracruzanos que estarán al frente de sus comunas hasta el 2029.
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José Manuel Muñoz Murrieta y Pedro Miguel Rosaldo García, son los alcaldes recién estrenados en Sayula y Coatzacoalcos.
Los hechos violentos, no obstante, los rebasan porque estamos ante un Estado fallido y tal condición mantiene contra la pared al país y a nuestra entidad.
Un punto medular consiste en la urgente necesidad de modificar la visión de Estado con que los nuevos ediles planeen y elaboren sus proyectos de trabajo; desde la raíz social que fue puesta en sus manos y de la cual no se pueden mantener al margen los gobiernos estatal y federal.
Suena utópico e idealista, acaso se lea como un argumento vago e inútil; lo cierto es que el crimen organizado gana terreno cada día y la solución, cualquiera que sea, demanda dos elementos obligados: tiempo a plazos cortos y largos, así como atención profunda a las células madres que son las familias -por un lado- y los Ayuntamientos -por el otro-.
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Los cinco asesinatos del domingo en el sur obligan a esta reflexión, al tiempo de criticar a un Estado incapaz de modificar su propio ADN frente a un cáncer de violencia generacional que ha hecho metástasis.