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Edgar Sandoval Pérez

Apuntes Económicos

Economía veracruzana 2026: crecimiento esperado, riesgos y oportunidades

05/01/2026 09:25 a.m.

“Veracruz no está en crisis, pero crecer por debajo de su potencial se ha vuelto una constante peligrosa.”

La economía veracruzana no parte de cero en 2026, pero tampoco lo hace desde una posición cómoda. Si 2025 fue un año de resistencia sin dinamismo, 2026 se perfila como un ejercicio decisivo: o Veracruz comienza a traducir sus ventajas estructurales en crecimiento sostenido, o corre el riesgo de consolidar un patrón de estancamiento relativo frente a otras entidades.

Los datos de años previos ayudan a dimensionar el punto de partida. Durante 2023–2025, el crecimiento económico del estado se mantuvo sistemáticamente por debajo del promedio nacional, con tasas cercanas al 0.5 % anual, de acuerdo con el ITAEE del INEGI. No fue una recesión, pero sí un desempeño insuficiente para una economía que representa alrededor del 4.5 % del PIB nacional y que cuenta con puertos, recursos naturales y posición geográfica privilegiada. Esa inercia condiciona las expectativas para 2026.

Para este 2026, los escenarios apuntan a un crecimiento moderado, en un rango de 0.7 % a 1.0 %, siempre que se cumplan ciertos supuestos: estabilidad macroeconómica nacional, menor presión inflacionaria, una política monetaria menos restrictiva y una ejecución eficiente del gasto público. Sin embargo, incluso este escenario base seguiría siendo discreto si se compara con el potencial productivo del Estado.

El sector primario volverá a ser, previsiblemente, uno de los principales amortiguadores. Agricultura y actividades agropecuarias podrían mantener un desempeño positivo, apoyadas en demanda externa relativamente estable y precios internacionales que, aunque menos favorables que en años anteriores, siguen siendo atractivos para ciertos cultivos. El problema no es el crecimiento del sector en sí, sino su persistente baja integración con procesos de transformación industrial y cadenas de mayor valor agregado.

El verdadero punto crítico de 2026 seguirá siendo el sector secundario. La industria manufacturera y la construcción deberían beneficiarse de una mayor inversión pública en infraestructura y de proyectos vinculados a logística y energía. No obstante, la evidencia reciente obliga a la cautela. Veracruz ha quedado rezagado en la captación de inversiones industriales asociadas al nearshoring, fenómeno que continúa favoreciendo al norte y al Bajío. Sin una estrategia clara de atracción de inversión, mejora regulatoria y certeza jurídica, difícilmente este sector se convertirá en el motor que el estado necesita.

En los servicios, el panorama es mixto. Comercio y servicios ligados al consumo interno podrían mostrar una ligera mejora, impulsados por empleo formal y transferencias sociales. El turismo, por su parte, tiene margen para crecer en términos reales, pero enfrenta limitaciones estructurales: conectividad, promoción fragmentada y escasa diversificación de la oferta. Sin cambios de fondo, el avance será más nominal que real.

En materia laboral, las expectativas tampoco permiten triunfalismos. La creación de empleo formal continuará, pero probablemente concentrada en sectores de bajos salarios y alta rotación. La informalidad seguirá siendo uno de los principales lastres, superando el 60 % de la población ocupada, lo que limita productividad, recaudación y crecimiento del ingreso real. Mientras este problema no se aborde de forma estructural, el consumo interno seguirá siendo un soporte frágil.

Desde el frente fiscal, 2026 ofrece un margen de estabilidad. La contención de la deuda pública y los esfuerzos por fortalecer la recaudación local dan cierto respiro a las finanzas estatales. No obstante, el reto no es solo mantener el equilibrio, sino orientar el gasto hacia inversión productiva con efectos multiplicadores claros, evitando que el presupuesto se diluya en inercias administrativas.

La paradoja veracruzana sigue intacta: abundancia de activos estratégicos y resultados económicos modestos. Puertos, conexión con el Corredor Interoceánico, vocación agroindustrial, potencial energético y logístico siguen ahí. Lo que ha faltado es una articulación efectiva entre planeación económica, política pública y participación del sector privado.

En 2026, el margen de excusas es cada vez menor. Las condiciones externas pueden ayudar, pero el verdadero crecimiento dependerá de decisiones internas. Veracruz no necesita promesas grandilocuentes; necesita convertir, por fin, sus ventajas comparativas en resultados medibles. El próximo año puede ser el inicio de ese giro o, una vez más, una oportunidad postergada.

@EdgarSandovalP

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