+ Ya existe mega-cárcel, pero la olvidaron los fachitos...
Todo el peso de la ley para el ex director de Pemex.
Que sirva de mensaje lo ocurrido,
aunque no lo hayan castigado por lo del derrame.
—Chopenjawer
Hace unos días atrás, se hizo alharaca en algunos grupos políticos de oposición (como si fuese la gran noticia del año) porque el senador Miguel Ángel Yunes Márquez —“Miguel Chiquito”, para los cuates— ya aparecía en lista como miembro de Morena en el Senado.
Y es que, si usted recuerda —y no se debe olvidar— los Yunes no es que precisamente hayan despertado un día random, dejaron de odiar al tlatoani López Obrador, decidieron ponerse la camiseta con la imagen del Ché Guevara y decidieron ondear la bandera de la izquierda nomás porque sí.
Nooooo (léase con acento de López Obrador en sus mañaneras)... Ni mergas...
Su casi llegada a Morena se explica de manera muy simple: se entregaron en el Senado porque los Yunes siempre han sido traidores/sobrevivientes en la política; así se han ido del PRI que los vio nacer, para pasar al PAN los encumbró y ahora buscan cobijo en Morena.
Y claro que su entrega no debe ser de a gratis; a lo mejor los tienen agarrados de los tanates y prefirieron doblar las manitas antes de que resurja alguna carpeta de investigación guardada por todos los señalamientos que se les han hecho… Aún así, uno de los del clan (Fernandito) sigue en el PAN como diputado local; ahí como si nada, sin mayor esplendor o influencia en el Congreso del Estado.
Pero el tema no es si los Yunes están en Morena porque ahora están inoculados de una posible justicia cuatroteísta. Se trata de que, aunque busquen forzar su entrada, hay una resistencia fuerte y que no las da como el senador Huerta (¡Animooooooink!).
Del tema comentó este lunes la gobernadora Rocío Nahle García en su conferencia de prensa semanal. Marcó líneas muy claras en el tema de la congruencia y las excepciones.
De inicio, recordó que ella toda su vida ha militado en la izquierda: desde los extintos Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y Partido de la Revolución Democrática (PRD), y ahora como fundadora del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Al mismo tiempo, subrayó sobre Miguel Ángel Yunes (el papá, porque el chilpayate neurasténico no tiene mayor trascendencia): “hoy no está en Morena y no pertenece a Morena”. Sobre el senador (ahí sí se refirió al “Chiquito”) habló de cuando intentó afiliarse y ella fue muy enfática con su partido al expresarle a los líderes de Morena que había que cuidar el movimiento.
No obstante, matizó: “el movimiento no tiene dueño; morena no tiene dueño, no es de Andrés Manuel López Obrador, no es de Claudia Sheinbaum Pardo, no es de Rocío Nahle; Morena es un instrumento político de transformación del pueblo de México que hoy, a ocho años, lo estamos viviendo”.
En este sentido, la mandataria estatal amplió su comentario recordando que hace 8 años no había pensiones para adultos mayores, además de que estaba en alta la privatización del sistema de salud, de la educación y el sector energético: “iba a desaparecer”.
Abundó que a la llegada de Morena, se cambió de régimen y de política, por lo que se planteó la recuperación de los sectores antes mencionados “y esto no le gusta a la ultraderecha, a los neoliberales que estaban privatizando para quedarse con el negocio de la salud, de la educación, con la energía, que no es un tema menor”.
Y entró de nuevo al tema de la congruencia: que si los Yunes, en su carrera política, estuvieron a favor de privatizar dentro de ese sistema neoliberal, pues debería de haber congruencia, tanto para los Kennedy veracruzanos de petatiux, así como para Morena.
La mandataria volvió a matizar: “como gobernadora me toca llevar la gobernanza, mantener la paz, la tranquilidad, la tolerancia con todos; yo tengo que ser plural, tolerante con todos políticamente, porque me tengo que conducir como lo que soy: una mandataria de estado”.
No obstante, atajó: “pero ya en el tema de militancia partidista es otra cosa; nos costó mucho, muchos años llegar a donde estamos y hoy estamos viendo que por todo lo que nosotros luchamos pacíficamente”.
Subrayando el tema de la congruencia, Nahle García dijo que era importante señalar la lucha pacífica de la izquierda, en contraparte con la campaña de odio y denostación que hoy trae la ultraderecha: “están de traidores a la patria; de traidores para el intervencionismo, insultando a México, insultando a la presidenta, creando estas falsas narrativas”.
Reafirmó: “Hay que ser congruentes. Morena está abierto. Morena no tiene dueño. Morena recibe a mucha gente porque así debe ser: es del pueblo y para el pueblo, salvo algunas excepciones, debe de tener excepciones… Si allá en el Senado y allá en la Cámara se ponen de acuerdo para los votos, sí, que bueno, no le están haciendo el favor a Morena, es la obligación al pueblo: que votes a favor de las reformas del pueblo, si son para bien del pueblo. A eso fueron”.
O sea, en pocas palabras, y retomando lo que se decía al principio de esta columna, los Yunes no le hacen un favor a Morena haciéndose pasar ahora como morenistas. Que ahora voten por lo que se debe votar, es otra cosa, pero no es que lo hagan por cariño a la gente, sino por mera supervivencia y porque es su obligación votar a favor de los intereses de la nación.
Y Nahle lo ejemplifica muy claramente: cuando ella fue la coordinadora de la primera bancada en la Cámara de Diputados, aprobaron un 85% de los puntos de acuerdo e iniciativas en tiempos del presidente Peña Nieto, a quien incluso defendieron como morenistas ante las embestidas de Donald Trump en su primer periodo como presidente de EE.UU.
En resumen, para la gobernadora de Veracruz el panorama es claro y sin hacer tantos aspavientos. Una cosa es que los Yunes se digan o crean morenistas (ahora de “quedabien” de la presidenta Sheinbaum), y otra es que se digan parte de una historia de izquierda que ha costado muchos años consolidar en la hoy llamada Cuarta Transformeishion.
NOTA PARA PEGAR EN EL REFRI: Tratando de emular al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, el Partido Acción Nacional tuvo la gran ideota de incluir en sus propuestas a futuro la creación de una mega-cárcel para meter a los delincuentes, pero se les olvida que en el sexenio de Felipe Calderón se construyó una de mega-máxima seguridad en la comunidad Gildardo Muñoz, en el municipio de Papantla, que costó 10 mil millones y quedó abandonado... En alguna ocasión, en una conferencia “mañanera”, el entonces presidente López Obrador habló de que había un conflicto legal con el propietario (se entiende que la cárcel iba a operar con la iniciativa privada), dueño también del periódico “El Financiero”, y que se arrancaría en meses posteriores, lo que no ocurrió… Se sabe que el tema sigue en cuestiones legales, pero de que hicieron y presentaron una nueva cárcel que nunca usaron los gobiernos panistas, sí lo hicieron, sólo que jamás la utilizaron... O sea, pura pinche faramalla derechaira.